Lo único que hago es pensar en aquel momento en que decidí que mi vida tomara un
rumbo diferente, pensé que todo iba a ser mejor y no peor ¡cómo me arrepiento! Ahora
me encuentro en lo más profundo de un laberinto sin poder salir de él y lo peor es que
estoy sola, completamente sola.
Nunca se borrará de mi mente aquella conversación de la cual partió todo:
− Alicia, te vas para Francia a estudiar y punto, es lo mejor para ti – dijo mi madre
con voz quejumbrosa y continuó con su frase común – además ya tienes que dejar
esas amistades que para nada me gustan.
− ¡Pero mamá! Tu sabes que no es lo que yo quiero: primero, a mí no me gusta la
medicina y segundo porqué me tengo que alejar de mis…
− Ya te lo dije ¡te vas!
Sé que mi mamá quería lo mejor para mí, pero si tan solo me hubiese escuchado, si yo
hubiese sido capaz de defender lo que quería, mis amigos, mis sueños; pero no, por el
contario callé, como siempre lo hacía.
Al día siguiente de esa conversación mi vida trascurrió normal, tome la ruta y partí al
colegio; al llegar salude a los chicos y a ella la que se había convertido en mi espejo, mi
amiga incondicional, Sara, la que nunca me defraudo y a la que yo abandonaría para
siempre; me pregunto cómo me había ido con mi madre pues sabía que tenía algo
importante para decirme, tarde un poco en contestar, cuando decidí hacerlo escuche una
dulce voz de lejos que dijo – Alicia es hora – era la profe Isa que siempre me avisaba que
ya debía entrar a clases, pues se me había hecho costumbre tardarme un poco más en el
pasillo después del sonido de la campana.
Luego de la salida del colegio Sara volvió a preguntarme sobre la conversación con “Sra.
Impecable” (apodo que le había colocado a mi madre por ser tan perfeccionista), esta
vez le dije que no fue nada importante no quería preocuparla, además pensé que me iba
juzgar por no ser capaz de decirle no a mi mamá, ¡que tonta fui! como si no supiera que
Sara nunca me reprochaba por lo que hacía o dejaba de hacer, por el contrario ella me
aconsejaba y me ayudaba a salir de los problemas.
Pasaron los meses y no hubo ningún cambio, mi madre seguía con sus planes y yo
aceptándolos, nunca se medió por volver a decirle que no quería irme y tampoco por
contarle a Sara lo que estaba sucediendo; no entiendo por qué no lo hice, me lo reprocho
una y otra vez, tal vez si lo hubiera hecho todo fuera distinto.
Llego el día de mí partida diciembre 8 de 1997, aun no encuentro la razón por la cual
decidí irme, durante toda mi vida mi corazón había guiado mi camino, pero esta vez
fue distinto, lo defraude por completo. Me aleje sin decir nada a nadie los únicos que
conocían de mi viaje eran mis familiares, ni mis amigos lo sabían, ni siquiera Sara, la que
me había acompañado en mis “locuras”, mis triunfos, mis alegrías, en mis fracasos, mis
tristezas ¡que no fueron unas pocas!, sin embargo ella siempre estuvo ahí como un apoyo
infalible, con sus consejos y su linda sonrisa tierna que originaba esos hermosos huequitos
en sus mejillas en los cuales me perdía por completo y olvidaba todo la tristeza que
cargaba conmigo, ¡Ash! Que bellos momentos que jamás podré volver a vivir.
Sara nunca se enteró por qué me fui (ni siquiera yo lo sé), la Sra. Impecable le dijo que fue
por qué ya no quería seguir con los amigos aburridos de siempre.
Yo sé que ella supo en su corazón que eso no fue cierto, por algo me estuvo esperando
tanto tiempo, pero no pudo más, aunque quería seguir luchando sus fuerzas físicas no
se lo permitían; si, me entere hoy 14 de enero de 2004 a las 8:00 a.m. qué Sara mi amiga
que deje en el olvido murió de leucemia esperando que algún día llegara a visitarla y darle
ánimos, esos que ella sabía darme a mí, ¡nunca lo hice!
Tal vez no sufro de ninguna enfermedad, no tengo necesidades económicas, tal vez he
terminado exitosamente mi carrera; pero en mi corazón aún existe el vacío de aquella
amistad por la cual no fui capaz de luchar.
Nunca te rindas ante un desafío
Ten la convicción de que si luchas
lo lograras, llegaras al final.
Es difícil aceptar que somos culpables de nuestro fracaso al no pelear por lo que queremos
y por tomar decisiones que sabemos, no son las mejores.
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